martes, 8 de septiembre de 2009

te dan ganas de gritar?

El otro día veda? Después del partido de México contra Costa Rica que les habianos ganado, yo bien aca bien abanderado y hasta con los cachetes pintados me puse a pensar… pos ya casi llegamos al 200 aniversario de la independencia de México, y pos debería sentirme orgulloso así como en los partidos del fútbol, pero aquí entre nos no es así, y mira que échale un ojito a las cosas y en que condiciones se cumplirán, nomas no se ve la luz, todo parece empiorar… será que el grito Viva México! En el ángel debiese cambiarse por BASTA!... o será simplemente un día mas de mariachis, pólvora una botella de tequila para olvidarme que el avergonzante presidente de mi país no es capaz de alcanzar el cordel del badajo para sonar las campanas en el palacio Nacional…

viernes, 23 de marzo de 2007

S[A]LIM: LUCRO EXCESIVO

Descarta Slim cundan nacionalizaciones

Recientemente, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció que nacionalizaría a la mayor telefónica de su país, la CANTV. — Reuters

Cd. de México (23 marzo 2007).-La nacionalización de empresas de telecomunicaciones y energía por parte de Venezuela no será copiada en masa por el resto de Latinoamérica, pues la mayoría de los gobiernos de la región reconocen la necesidad de la inversión privada, dijo el jueves el empresario Carlos Slim.

Recientemente, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció que nacionalizaría a la mayor telefónica de su país, la CANTV, una de las principales eléctricas privadas y ordenó a petroleras extranjeras que entreguen la mayoría accionaria de sus operaciones en la nación caribeña.

La decisión fue mal vista por los mercados financieros y por el gobierno de Estados Unidos.

Slim, el tercer hombre más rico del mundo y el empresario más influyente de Latinoamérica, dijo que no cree que muchos países sigan el ejemplo de Chávez. "No creo que sea una tendencia, sería una regresión", comentó el empresario la noche del jueves en el Foro sobre Inversión en América Latina. A diferencia de Venezuela, que cuenta con abundantes ingresos petroleros, muchos países de la región no pueden permitirse alejar a los inversionistas privados, dijo Slim, quien mantiene contactos con varios gobiernos del continente. "Es al revés, y yo siento lo que se está buscando es combinar inversión privada y pública", añadió.

Slim, de 67 años, es el propietario de la mayor telefónica celular de Latinoamérica, América Móvil, y además tiene bancos, firmas de construcción y empresas minoristas.

"Las telecomunicaciones como monopolio de Estado, creo que esa una regresión que sería rechazada por todo el mundo, porque estaría controlando también los contenidos, estaría limitando la libertad, sería antidemocrático", aseguró.

La nacionalización de CANTV se ha llevado a cabo a través de una oferta de compra de acciones que comenzará la semana que viene y podría dejar en manos del gobierno entre un 60 y un 70 por ciento de la empresa.

SIGAN EL EJEMPLO DE ALLENDE: << style="letter-spacing: 1pt;">UCRO EXCESIVO >>

El 11 de julio de 1971 el Congreso Chileno aprobó por unanimidad (incluyendo el voto de los miembros del Partido Demócrata Cristiano que componía la mayoría), a iniciativa del presidente Salvador Allende, la reforma constitucional que autorizaba la nacionalización del de la industria del cobre y establecía los términos mediante los cuales se implementaría.

En cuanto a las condiciones de compensación los artículos transitorios de la reforma diseñaban una fórmula que por primera vez hacía su aparición en este tipo de transacciones:

Compensación: (Costo Original de Inversión) – (Depreciación) – (“Lucro Excesivo”) = el Precio Pagadero a 30 años.

El Contralor General del Gobierno se encargaría de fijar el “valor en libros” de las instalaciones y de la depreciación; el concepto de “lucro excesivo” sería determinado por el Ejecutivo. Para efectos de apelación se previó un Tribunal Especial, compuesto por personas desempeñando distintos cargos públicos, removiéndose así la competencia de la Suprema Corte de Justicia, la cual había dado muestras de tradicionalismo. Aparentemente este Tribunal era la única y última instancia.

El presidente Allende firmó y proclamó la reforma constitucional el 16 de julio y el mismo día el Estado tomó posesión formalmente de las compañías mineras y nombró administradores para cada una de ellas. El Contralor General inmediatamente se abocó a su tarea de valuación. El 28 de septiembre, antes de que el Contralor General rindiera su informe, el presidente Allende promulgó el decreto concerniente a la determinación del “lucro excesivo”, previsto en la reforma. Sus cálculos arrojaron la cantidad de US$774 millones de dólares que deberían ser reducidos por concepto de “lucro excesivo” de la compensación a ser pagada a Kennecott y a Anaconda. Los cálculos parecen haber sido hechos tomando las utilidades de cada una de las minas en Chile desde 1955 tal como aparecían en “libros” a los cual se restaba el 10 por ciento del “valor en libros” por ganancias “aceptables” después de impuestos por año. El 10 por ciento que como ganancias “aceptables” apareció en la fórmula fue el resultado de la estimación del porcentaje de rendimiento sobre capital que comúnmente una empresa minera comparable obtiene en los Estados Unidos o en Canadá y que fluctúa entre el 9 o el 10 por ciento.

De acuerdo con lo dispuesto por el presidente Allende, el promedio de las utilidades de Kennecott en Chile de 1955 a 1970 ascendían a un 52.81 por ciento sobre la inversión (presuntamente asentado en “libros”) y de este modo la deducción decretada fue del orden de US$410 millones de dólares. Poco después el Contralor General rindió su informe negando a Kennecott una revaluación hecha en libros con motivo del plan de expansión en proceso y deduciendo además US$20 millones de dólares por instalaciones defectuosas. Así la contabilidad para la compensación a Kennecott puede expresarse en cifras:

(1) Valor en libros hasta 12/31/70 = US$318,801,198

(2) Revaluación denegada desde 1964 198,483,929

(3) Derechos de mina denegados 223,519

(4) Instalaciones defectuosas 20,520,167

(5) Saldo del Contralor General = 99,573,582

(6) Lucro Excesivo fijado x Ejecutivo 410,000,000

Compensación US$ – (310,426,417)

Como resultado Kennecott en lugar de ser acreedor del valor de sus instalaciones, se transformó en deudor y por lo tanto ninguna compensación quedó pendiente de pago.

Sin duda el aspecto más original del programa de nacionalización emprendido por Salvador Allende fue su idea de que la compensación debe ser reducida en la cantidad de “lucro excesivo.” Nacionalización en otros países había dado lugar a reclamaciones en contra de los inversionistas extranjeros por impuestos causados y no pagados o por operaciones ilícitas. Sin embargo, Kennecott fue acusada exclusivamente de haber ganado mucho y que dicha utilidad fue en detrimento de Chile y de su pueblo y que éste era el momento de aclarar cuentas.

La respuesta de Kennecott fue simple: Había operado en Chile desde 1915, había publicado anualmente su Estado de Pérdidas y Ganancias y había pagado sus obligaciones fiscales y actuado siempre dentro del marco legal. ¿Cómo era posible que una compañía fuera responsable por algún otro concepto? Al mismo tiempo, como era de esperarse, los cálculos hechos por Kennecott mostraban un rendimiento sobre capital no mayor de un 11 por ciento. La discrepancia tan grande entre el 58.2 de Allende y el 11 por ciento de Kennecott se debe a la distinta definición de utilidades. Por ejemplo, pagos realizados or la compañía chilena por concepto de regalías, comisiones sobre ventas, gastos de administración y cuentas por el estilo son consideradas por Kennecott y Anaconda como gastos de la empresa chilena, mientras que para el Gobierno de Chile son utilidades para las transnacionales.

Los Estados Unidos habían intervenido como entidad oficial mediante una de sus agencias extendiendo pólizas de seguro contra “riesgos políticos” a las empresas cupreras chilenas y dicho negocio estaba en peligro. Los EEUU consideraron que la manera de compensación a sus nacionales era violatoria de la Resolución adoptada por la O.N.U. en 1962 que dispone justa compensación en caso de expropiación y por lo tanto se preparaban para esta “agresión”, pero la duda era ¿Cómo? ¿Derrocándolo?

Evidencia desclasificada a partir de 1975 en el Senado Norteamericano ha demostrado que los esfuerzos para impedir que el Dr. Salvador Allende fuera elegido y tomara posesión, recibieron más apoyo de los EEUU (incluyendo al presidente Nixon) de lo que en un principio se pensaba.

Información basada en: © «The New York Times».

El otro 11 de Septiembre

A las 4:30 a.m. del 11 de Septiembre de 1973, fuerzas militares y paramilitares atacaron el Palacio [de la calle] de la Moneda en Santiago de Chile y derrocaron al gobierno del presidente Salvador Allende. Allende murió en el palacio después de rechazar demandas de rendición —si fue por su propia mano o por la mano de sus atacantes no se ha esclarecido con certeza. De la noche a la mañana, Chile fue transformado de una democracia de izquierda en un estado autoritario de derecha. No hubo guerra civil y la resistencia armada duró apenas unas horas. El poder fue asumido por una Junta militar formada por un almirante, dos generales y un jefe de los carabineros, encabezada por el General Augusto Pinochet Ugarte, Comandante del Ejército.Pinochet no había participado nunca en política y había sido nombrado por el presidente Allende apenas un mes antes con la esperanza de que pudiera controlar el ejército y mantenerlo fuera de la contienda entre la izquierda y la derecha. Sin embargo, una vez en el poder, Pinochet se convirtió en un rígido dictador militar. Suprimió toda posibilidad de oposición, declaró ilegal toda actividad política, arrestó a miles de ‘extremistas’, impuso estricto toque de queda y suspendió la Constitución de 1925.

jueves, 22 de marzo de 2007

>> en pocas polabras <<




Lectores del Blog Revoluciones - - Ahora que formalmente me incorporo al Blog Revoluciones, resistencia, emprendida ardua y valientemente por el buen SAM, me puse a llenar el perfil de «en pocas palabras». Una de las preguntas requiere que indique mis libros favoritos, lo que me hizo repasar mi archivo de apuntes de muchos años de escuela, de veranos, de horas de espera en aeropuertos, de club de lecturas, etc., que he tenido oportunidad de dedicar a la lectura, y entre todas mis notas me encontré la siguiente traducción que hice hace tiempo y, que compartir con ustedes en estos dias de la Segunda Convención Nacional que nos impulsar a reanudar la lucha por el derecho:

«Discurso del 10 de diciembre de 1957»
—Albert Camus—

Albert Camus, nacido en Argelia en 1913, recibe el premio «Nobel de Literatura» en 1957, y muere tres años más tarde, el 4 de enero de 1960, en un accidente automovilístico. Obras, entre otras: El extranjero; El mito de Sísifo; La caída; La peste; Estado de sitio. Al recibir la distinción con que vuestra Academia ha tenido a bien honrarme, mi gratitud era tanto más profunda cuanto que medía hasta qué punto esta recompensa sobre pasaba mis méritos personales. Todo hombre y, con mayor razón, todo artista, desea ser reconocido. También yo lo deseo. Pero no me ha sido posible conocer vuestra decisión sin comparar su nombradía con lo que yo soy realmente. ¿Cómo un hombre casi joven, cuya única riqueza son sus dudas y una obra todavía en el telar, acostumbrado a vivir en la soledad del trabajo o en los remansos de la amistad, no hubiese sabido con una especie de pánico una determinación como la vuestra que, de un golpe, desde su soledad y reducido a sí mismo, le llevaba al centro de una luz resplandeciente? ¿Con qué corazón también podía recibir él este honor en la hora presente en que, en Europa, otros escritores, entre los de más talla, están reducidos al silencio, y en el momento mismo en que su tierra natal conoce una incesante desgracia? Yo he conocido este desasosiego y esta turbación interior. Para recobrar la paz, me ha sido necesario, en suma, reconciliarme con una suerte demasiado generosa. Y, puesto que no podía igualarme a ella apoyándome solamente en mis méritos, ninguna otra cosa más me queda para ayudarme que lo que me ha sostenido, en las circunstancias más contradictorias, a lo largo de mi vida: la idea que me hago al respecto de mi arte y del papel del escritor. Permitidme solamente que, con un sentimiento de reconocimiento y amistad, os diga, tan sencillamente como pueda, cuál es esta idea. Yo, personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he colocado este arte por encima de todo. Si me es necesario, por el contrario, es porque no se separa de nadie y me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. El arte no es a mis ojos un gozo solitario. Es un medio para conmover al mayor número posible de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de los sufrimientos y las alegrías comunes. Por consiguiente, obliga al artista a no aislarse; lo somete a la verdad más humilde y más universal. Y el que, frecuentemente, ha elegido su destino de artista porque se sentía diferente, aprende, muy pronto, que no alimentará su arte y su diferencia más que confesando su parecido con todos. El artista se forja en este perpetuo ir y venir desde él a los otros, a mitad de camino entre la belleza, de la cual no puede prescindir, y de la comunidad, de la cual no puede arrancarse. Es por eso que los verdaderos artistas no desprecian nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si ellos tienen un partido que tomar en este mundo, éste no puede ser más que el de una sociedad en la que, según las grandes palabras de Nietzshe, ya no reine el juez, sino el creador, sea trabajador o sea intelectual. El papel de escritor, por consiguiente, no se separa de deberes difíciles. Por definición, hoy no puede ponerse al servicio de los que hacen la Historia: está al servicio de los que la sufren. O si no, helo aquí solo y privado de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía con sus millones de hombres no le arrancarán de la soledad, incluso sobre todo si consiente en tomar su mismo paso. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones en el otro extremo del mundo, basta para hacer retirar al escritor del destierro voluntario, cada vez, al menos, que llega, en medio de los privilegios de la libertad, a no olvidad este silencio y a hacerlo resonar con los medios que le da el arte. Nadie entre nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero, en todas las circunstancias de su vida, oscura o provisionalmente célebre, arrojado entre los hierros de la tiranía o libre durante un tiempo para expresarse, el escritor puede volver a encontrar el sentimiento de una comunidad viva que lo justifique, con la única condición de que acepte, tanto como pueda, las dos cargas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de verdad y de la libertad. Puesto que su vocación es el reunir el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse en la mentira y en la servidumbre, las cuales, allí donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualquiera que sean nuestras debilidades personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos compromisos difíciles de mantener: la negativa a mentir sobre lo que uno sabe y la resistencia a la opresión. Durante más de veinte años de una historia enloquecida, perdido sin socorro, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, he sido sostenido así por el oscuro sentimiento de que escribir era un honor hoy, porque este acto obligaba, y obligaba no solamente a escribir. Me obligaba especialmente a soportar, tal como yo era y según mis fuerzas, con todos los que vivían la misma historia, la desgracia y la esperanza que compartíamos. Estos hombres, nacidos al principio de la primera guerra mundial, que tenían veinte años en el momento en que a la vez se instalaban en el poder de Hítler y los primeros procesos revolucionarios, que después han sido confrontados, para completar su educación, con la guerra civil de España, con la segunda guerra mundial, con el universo de los campos de concentración, con esta Europa de la tortura y de las prisiones, tienen que educar hoy a sus hijos y levantar sus obras en el mundo amenazado por la destrucción nuclear. Supongo que nadie podrá pedirles que sean optimistas. E incluso yo soy de la opinión que debemos de comprender, sin ello dejar de luchar contra ellos, el error de los que, con una puja de desesperación, han reivindicado el derecho al deshonor y se han precipitado en los nihilismos de la época. Pero ocurre que la mayor parte de entre nosotros, en mi país y en Europa, han rechazado este nihilismo y se han puesto a buscar una legitimidad. Han necesitado para ello forjarse un arte de vivir en tiempos de catástrofe para nacer por segunda vez y luchar después. A cara descubierta, contra el instinto de muerte que actúa en nuestra historia. Cada generación, sin duda, se cree predestinada para rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo que no lo hará. Pero quizá su tarea es mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones decadentes, las tecnologías que se han hecho demenenciales, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en las que poderes mediocres pueden hoy destruir todo, pero ya no saben convencer; en las que la inteligencia se ha rebajado hasta hacerse servidora del odio y de la opresión, toda generación ha tenido que restaurar en sí misma, a partir de sus únicas negaciones, un poco de lo que constituye la dignidad del vivir y del morir. Ante un mundo amenazado por la desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores corren el riesgo de establecer para siempre el reino de la muerte. Mi generación sabe que debería, en una especie de carrera alocada contra este panorama, restaurar ante las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo con la cultura y volver a hacer con todos los hombres una nueva arca de la alianza. No es seguro que pueda cumplir nunca esta tarea inmensa, pero es seguro que, por todas partes del mundo, está manteniendo ya su doble apuesta de verdad y de libertar, y, en ocaciones, sabe morir sin odio por esta tarea. Es esta generación la que merece ser saludada y animada en cualquier parte en que se encuentre, y, sobre todo, allí donde esté sacrificándose. Es sobre ella, en todo caso, que, seguro de su acuerdo profundo, sobre la que quisiese hacer recaer el honor que acabáis de hacerme. Por ello mismo, tras haber descrito la nobleza del oficio de escritor, yo hubiese vuelto colocar al escritor en su verdadero sitio, no teniendo otros títulos más que los que comparte con sus camaradas de lucha, vulnerable, pero obstinado, injusto y apasionado por la justicia, edificando su obra sin vergüenza ni orgullo ante la vista de todos, compartiendo siempre unas veces el dolor y otras la belleza, y consagrado finalmente a sacar de la duplicidad de su ser las creaciones que trata obstinadamente de levantar en el movimiento destructor de la Historia. ¿Quién podrá esperar de él, después de esto, soluciones prefabricadas y hermosa moral? La verdad es misteriosa, huidiza, se le ha de conquistar incesantemente. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir cuanto tiene de exaltante. Debemos de caminar hacia estos dos objetivos, penosamente, pero resueltamente, seguros por anticipado de nuestras flaquezas en un camino tan largo. ¿Qué escritor, por consiguiente, se atrevería, instalado en la buena conciencia, a hacerse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de todo eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la felicidad de existir, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esta nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, me ha ayudado sin duda a comprender mejor mi oficio, me sigue ayudando a mantenerme, ciegamente, junto a todos estos hombres silenciosos que no soportan la vida que se les hace en el mundo más que por el recuerdo o el refugio en el remando de breves y libres felicidades. Reducido así a lo que realmente soy, a mis límites, a mis obligaciones, como a mi fe difícil, me siento más libre de mostraros, para terminar, la amplitud y la generosidad de la distinción que acabáis de concederme, y más libre también para deciros que quisiera recibirla como un homenaje hecho a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido por él privilegio alguno, sino que, por el contrario, han conocido la desgracia y la persecución. Únicamente me quedará entonces daros gracias, desde lo íntimo del corazón, y haceros públicamente, como testimonio personal de gratitud, la misma y antigua promesa de fidelidad que todo artista verdadero, cada día, se hace a sí mismo, en el silencio.